Conectar aprendizajes con la vida: somos más ciencia de lo que pensamos

Cuando pensamos en ciencia, probablemente imaginamos laboratorios, microscopios, experimentos, fórmulas o grandes descubrimientos. Sin embargo, la ciencia no es algo que ocurra únicamente dentro de un laboratorio ni algo que encontremos solamente en los libros de texto.
La ciencia está mucho más cerca de nosotros de lo que pensamos. Está en nuestra vida cotidiana, en nuestras decisiones y, sobre todo, en nuestro propio cuerpo. Y esto hace que tome valor el contenido y aprendizaje de asignaturas como Biología o Física y Química.
Enseñar ciencias consiste precisamente en ayudar a nuestros alumnos a hacerse preguntas, relacionar lo que aprenden con su propia vida y descubrir que la ciencia no está únicamente en los libros o en un laboratorio.
Procesos básicos y cotidianos
Cada día, desde que nos despertamos hasta que nos acostamos, nuestro organismo pone en marcha miles de procesos que nos permiten respirar, movernos, pensar, sentir, alimentarnos, relacionarnos y mantenernos vivos. Muchos de ellos suceden sin que seamos conscientes de todo lo que está ocurriendo.
Cada vez que comemos, nuestro organismo transforma los alimentos para obtener los nutrientes y la energía que nuestras células necesitan. Detrás de algo tan cotidiano como un desayuno hay digestión, absorción, metabolismo y respiración celular.
Por eso, una pregunta tan sencilla como “¿qué ocurre con lo que acabamos de comer?” puede convertirse en una forma de acercarnos a la ciencia y comprender que lo que estudiamos en clase sucede dentro de nosotros.
Energía y movimiento
Cuando hacemos ejercicio, nuestro corazón late más rápido y respiramos con mayor frecuencia. Nuestros músculos necesitan más energía y, para conseguirla, nuestras células necesitan nutrientes y oxígeno.
Una situación cotidiana como correr nos permite conectar lo que observamos con el funcionamiento de los aparatos respiratorio y circulatorio y con lo que ocurre en nuestras células.
Conocer y sentir las emociones
Antes de un examen, al hablar en público o ante una situación que nos preocupa, podemos notar que nos late más rápido el corazón, nos sudan las manos o sentimos un nudo en el estómago.
Nuestro sistema nervioso y nuestras hormonas están detrás de estas respuestas. Las emociones no solo se sienten: también tienen una respuesta física.
Cuando estudiamos estos procesos en clase, nuestros alumnos pueden reconocer en su propia experiencia aquello que están aprendiendo.
Comprender el cuerpo y aprender a cuidarlo
Aunque parezca que mientras dormimos no ocurre nada, nuestro organismo continúa trabajando. El cerebro procesa información, se consolidan aprendizajes y nuestras células siguen realizando sus funciones.
Por eso, hablar del sueño, la alimentación o el ejercicio no es solo enseñar Biología: es también ayudar a nuestros alumnos a comprender su cuerpo y aprender a cuidarlo.
Desayunar, correr, emocionarnos o dormir son acciones cotidianas que esconden una enorme cantidad de ciencia. Está en cada respiración, en cada latido, en cada emoción y en cada célula. Porque somos mucho más ciencia de lo que pensamos.
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